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martes, 18 de julio de 2017

FANTASMA. (Jo Nesbø)

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FANTASMA (Gjenferd)
Jo Nesbø
TRADUCCIÓN: Carmen Montes Cano y Ada Elizabeth Berntsen
PENGUIN RANDOM HOUSE GRUPO EDITORAIL, S. A. U.
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Harry Hole regresa a Oslo en calidad de hijo pródigo. Procede de Hong Kong donde ha pasado los últimos años sobrio y luchando contra sus propios demonios. Baja del tren del aeropuerto en la estación central de Oslo. Lleva una maleta pequeña de lona, casi ridícula, y sale de la estación con pasos rápidos y ágiles. Hole se pasa su dedo protésico de titanio Made in Hong Kong a lo largo de la cicatriz que le recorre la cara desde la boca a la oreja. Han pasado tres años desde la última vez que estuvo allí, tres años desde que lo expulsaron de la policía, tres años desde que dejó la bebida. Nada ha cambiado en la ciudad del hielo. -¿Hachis? -¿Speed? -¿Violin?, le ofertan por las calles de Oslo. Ahora menos que nunca. Sin embargo, al final del libro, Hole se ha hecho acreedor a más cicatrices, tanto físicas como mentales.

Cada centímetro de su cuerpo le duele con el dolor insoportable del inconformista. El caso que se le presenta ahora es peor que cualquiera de los que ha vivido anteriormente. Es una cuestión personal. Oleg Falke, el hijo de Rakel, la que fuera el gran amor de su vida, está en prisión después de haber sido acusado de dar muerte a Gusto Hanssen, un joven de diecinueve años  adicto a la heroína. Hole no está convencido de la culpabilidad de Falke y se propone encontrar al verdadero culpable. Aun siendo advertido por sus antiguos colegas que se mantenga alejado del caso, Hole no se contenta con llevar una actitud ociosa e inicia su propia investigación, investigación que lo lleva a las sombrías profundidades del mundo de la droga y la prostitución.

Un desconocido está inundando la ciudad con un nuevo opiáceo de nombre “violín” (nombre curioso éste para tratarse de un narcótico), un alucinógeno sintético seis veces más potente que la heroína  que causa estragos entre la población de drogadictos de Oslo. Su control y distribución son dirigidos por un misterioso gánster ruso conocido como Dubái. Una figura sombría que se esconde detrás de toda la acción de «Fantasma» y a quien, probablemente, ésta debe el título.

El telón de fondo de «Fantasma» está empapado de diferentes narraciones, algunas de las cuales tienen más consistencia que otras. Los recuerdos en primera persona de Gusto Hanssen, destinados a llenar espacios en blanco, están bien pensados y encajan en la propia historia de Hole. Sin embargo hay dos sujetos que se involucran desde un principio en la trama y que luego desaparecen, sujetos que tratan de aportar sentido a la personalidad de Dubái. Uno responde a un esbirro ruso, un luchador de nombre Serguéi Ivanov y otro a un narcotraficante noruego, piloto de una línea aérea, el comandante Schultz. Lo único que une a ambos personajes son los números de teléfono de unos móviles sin registrar. Sin embargo ambos están a las órdenes del capo Dubái.

Serguéi Ivanov no está convencido de poseer lo que se necesita para ser sicario de Dubái. La misión que le han encargado –eliminar a Hole- no se presenta nada fácil. Cuando Hole nota la presión de la hoja del cuchillo de Ivanov sobre su garganta tantea la barra del bar con su mano libre, derrama su copa y encuentra un sacacorchos. Coge la empuñadura de forma que la punta asome entre los dedos índice y corazón. Es ésta -la punta del sacacorchos- quien perfora la piel a Ivanov y se desliza a través de su carne. Es así como le alcanza la tráquea y cuando el tercer latido de su corazón se desvanece por fin, Serguéi Ivanov está muerto.

Schultz es el encargado de sacar la droga de Oslo por orden de Dubái, envuelta en los oscuros herrajes metálicos que rodean el asa extensible de su maleta de ruedas. A Schultz lo terminan cogiendo, pero lo ponen en libertad después de que un quemador con tarjeta de identificación policial cambie la droga por harina de patata. Y tras su puesta en libertad, lo ejecutan en su casa, por miedo a que largue todo lo que sabe. Como personaje de apertura en un thriller, Schultz es consciente que está condenado a sufrir una muerte lenta y agonizante. No ha cubierto el libro la mitad de su recorrido cuando un ladrillo tachonado de clavos le ha arrancado la mitad de la cara. Hole le descubre con la oreja derecha clavada al parquet de su salón y, en la cara, seis cráteres negros y sanguinolentos. El arma del crimen se balancea a la altura de su cabeza. En el otro extremo de una cuerda que cuelga de una viga del techo hay un ladrillo. Del ladrillo sobresalen seis clavos ensangrentados...

Mientras que Hole es sin discusión la fuerza dominante en la narración, Dubái, el «Fantasma», presente en segundo plano, aporta una profundidad sorprendente a la novela. En tanto trata de limitar su nostalgia por los viejos tiempos, Hole se muestra molesto con los nuevos. La arquitectura moderna, simbolizada en el edificio espléndido de la Ópera y el tráfico de drogas a la nueva usanza, más organizado aunque no por ello menos pernicioso y corruptor, han abierto un muro entre los hijos y unos padres ignorantes y bienintencionados. Algo que embellece, según Hole.

«Fantasma» es una narración convencional en tercera persona que acompaña a Hole en un tortuoso viaje en torno a los demonios mentales que atormentan su vida, una vida ésta en la que se intercalan periódicamente recuerdos en primera persona del adicto Hanssen y observaciones sobre otros narcotraficantes. Las divagaciones de Hanssen  proporcionan un medio a Nesbø para explotar temas antiguos de familias rotas, hijos perdidos y padres abandonados. Por las páginas de «Fantasma» desfilan funcionarios corruptos y venales, pero también una policía tan ansiosa por lograr la paz en las calles y mejorar las estadísticas de delincuencia que involuntariamente hace posible la realización de los planes del capo de la droga Dubái.

«Fantasma» también es una aventura intensamente sombría, aquella que cabría esperar de los adictos a la droga en Oslo que se pasan el día tumbados en un arriate de carretera con los ojos cerrados, sentados en cuclillas buscando una vena que no esté rota o de pie con la flojera del yonqui en las rodillas. La atmósfera que Nesbø crea en «Fantasma» es intensamente oscura, aliviada por momentos, eso sí, con chascarrillos humorísticos que incluyen una herida en el cuello de Hole cosida con cinta americana o aquellos otros que hacen referencia a su único traje de lino, cuyas arrugas combate con el vapor del agua de la ducha. Al mismo tiempo «Fantasma» es una lectura convincente con una segunda parte donde la acción crece y donde la historia se vuelve más intensa, con giros y vueltas imprevisibles y una literatura que mantiene la tensión hasta el último momento. 
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