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martes, 8 de agosto de 2017

ENTRY ISLAND. (Peter May)

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ENTRY ISLAND (Entry Island)
Peter May
TRADUCCIÓN: Cristina Martín Sanz
EDICIONES SALAMANDRA, S. A.
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«Entry Island se divisaba allá a lo lejos en el otro extremo de la bahía, iluminada por un sol que tan sólo en ese momento se elevaba por encima de un puñado de oscuras nubes matinales. Aquel trozo de tierra atrajo su atención, y ya no dejó de contemplarlo, así como si estuviera en trance, mientras el sol le enviaba sus rayos y creaba algo semejante a una aureola alrededor de la isla. Tenía algo mágico. Casi místico.» Así es Entry Island, situada a 1.367 kilómetros de Montreal, en las islas de la Magdalena, en el golfo de San Lorenzo. Las islas de la Magdalena forman un rosario de montículos de tierra unidos por carreteras y bancos de arena, dispuestos sobre un mismo eje. Entry Island  es un lugar en el que hace frío y nieva y que cuando la bahía se congela (cosa que sucede a menudo), el ferry no puede navegar y los isleños quedan aislados durante períodos largos. En la isla los días son oscuros e interminables, el viento eterno y cuando llega la primavera hay que preparar el barco para salir a pescar. La temporada de la langosta en Entry Island es corta, sólo dura dos meses. Las jornadas son largas y duras y también peligrosas. Durante ese tiempo hay que atesorar el dinero suficiente para pasar el invierno.

Sin embargo un isleño, un pescador con suerte, el empresario James Cowell, se ha sobrepuesto a todo eso y se ha hecho rico con el comercio de la langosta. Cowell es asesinado al comenzar la historia y el detective Sime Mackenzie y otros siete compañeros se desplazan a la isla para resolver el crimen. La principal sospechosa es Kirsty Cowell, la esposa del magnate, condenada por una obsesión enfermiza a vivir recluida en el pequeño montículo desde su casamiento. Su esposo, era todo lo contario. A Cowell le gustaban los coches de lujo y los aviones, las casas grandes y los restaurantes caros. Y también, las mujeres hermosas y predispuestas. Cowell era un indeseable y los candidatos a asesino son numerosos.
En Entry Island convergen dos historias. Por un lado, Peter May relata la vida solitaria y miserable del inspector de policía Sime Mackenzie, quien se siente un extraño en el equipo investigador y que ha sido reclutado en el último momento debido a su conocimiento del inglés para entrevistar a la principal sospechosa del asesinato. El traslado a Entry Island se le antoja saludable a Mackenzie después del estado depresivo en que ha caído tras su separación matrimonial, una condición que le ha generado un insomnio perenne. Por desgracia, su ilusión se desvanece en cuanto pone los pies en la isla y se da de frente con su ex mujer, una analista forense y miembro de la misión de investigación, que le colma de reproches y le hace responsable del divorcio. Los problemas en la isla comienzan cuando Mackenzie se obsesiona con la señora Cowell y pone en duda su culpabilidad. Defenderla, sin embargo, le planteará un espinoso conflicto moral.
De forma paralela, May nos cuenta la vida de un antepasado de Mackenzie –el Sime Mackenzie del siglo XIX-, un humano marcado por el dolor, la pérdida y la vida miserable. Un individuo explotado en su Escocia natal por los indeseables terratenientes llegados del sur, impuestos por Inglaterra. Embarcado en un proceso de “limpieza”, generado por un cambio en el sistema agrícola del Reino Unido, que llegó a la conclusión que era más rentable tener ovejas que personas, este pobre infeliz, víctima ya del “hambre de la patata”, es separado de su familia y expulsado, sin ninguna protección legal y de manera brutal, de sus tierras, unas tierras que apenas dan para vivir dignamente. Por las páginas de Entry Island desfila la historia de su vida. La historia del nacimiento de su hermana, del rescate de Ciorstaidh –la Kirsty del XIX-, de la muerte de su padre, de la evacuación de Baile Mhanais, del terrorífico viaje a través del Atlántico y de la pesadilla que supuso el encierro en los lazaretos de Grosse Île. Es éste un episodio vergonzoso y frecuentemente pasado por alto en la historia británica.
Las peripecias del antepasado de Mackenzie rememoran las novelas de aventuras, aquellas narraciones de los colonos del Nuevo Mundo y sus inextricables viajes en busca de la tierra prometida. Pero lo más interesante es el papel que esta historia juega en la investigación del asesinato de Entry Island. Mackenzie es consciente que la solución al misterio está en los diarios que su abuela le leía de niño, aquellos que narraban las vicisitudes de su predecesor (en este caso, su tatarabuelo). Y no duda en recurrir a ellos. Llega, pues, el momento de leerlos. Llega, pues, el momento de unir las dos historias, un hecho que May resuelve con acierto gracias a su imaginación y maestría.

Peter May describe en Entry Island unos paisajes vívidos y a menudo poéticos. Así, para el escritor, «el cielo de la isla presenta unos tonos de color añil en el que las estrellas brillan como si fueran joyas engarzadas en ébano». También deja constancia May de la claustrofóbica vida que llevan los habitantes de la isla. Sí, «...esta vida es muy jodida tío. Uno se pasa los inviernos aquí encerrado, meses enteros sin nada mejor que hacer que oír cotorrear a las mujeres hasta que te hacen papilla los oídos. Es para volverse loco. Hace frío y nieva. Siempre está oscuro, y a veces los días se hacen interminables, sobre todo cuando el ferry no viene porque la bahía se ha helado o porque hay temporal.» Y qué decir del estremecedor poder de los elementos: «El viento había alcanzado una intensidad que empezaba a parecerse a la de un temporal. Las contraventanas tableteaban y las tejas de la cubierta del tejado se levantaban sin parar. Había casi tanto ruido dentro como fuera de la casa. Seguía cayendo la lluvia, formando oleadas y remolinos de agua, y aquello no era más que una avanzadilla. El cuerpo principal de la tormenta era visible allá en el mar, se alzaba en una niebla negra que se acercaba implacable hacia la isla.»

Entry Island es una novela negra que transita sin problemas por los territorios de la novela histórica e incluso romántica, un canto a la belleza de los paisajes extremos, una historia de gente que sufre y de gente que le busca sentido a la vida. Se hacen patentes en sus páginas temas ya clásicos como la pérdida, el amor imposible, las raíces perdidas, los odios ancestrales entre familias, el bilingüismo y las injusticias sociales, todo dentro de una atmósfera envolvente y una trama refinada y precisa. Entry Island es, más allá de una novela negra, un canto a la lucha por la vida y la dignidad.
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