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viernes, 8 de septiembre de 2017

EL LADO OSCURO. (Andreu Martín)

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EL LADO OSCURO
Andreu Martín
MENOSCUARTO EDICIONES
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A finales del pasado año, Menoscuarto Ediciones desarrolló y dio a luz una interesante idea literaria, la colección de novelas policíacas «Seis Doble», para narrar las aventuras de la atractiva detective Sonia Ruiz. «Seis doble» se integra en la línea de la frecuentada y célebre serie francesa «Le Poulpe» (El pulpo), la última gran ofensiva del neopolar, un proyecto colectivo surgido en los años noventa en el que en cada entrega un autor diferente se hace cargo del mismo detective. Cada tomo recoge, más que la continuación de una historia, los casos y peripecias que distintos autores van ideando para el detective protagonista. La idea es un intento de recuperar el carácter popular de la novela negra, con unos relatos contundentes y sin pretensiones, un mensaje político inequívoco y unos precios al alcance de las masas más populares. Los sucesivos narradores, autores de primera fila en el género, van ideando nuevos casos para sus protagonistas comunes, al tiempo que enriquecen el perfil de los personajes.

Los protagonistas de «Seis Doble» son la treintañera Sonia Ruiz y su amigo Pau Soria. Sonia es quince años mayor que Pau, ejerció de canguro cuando él era pequeño, adquiriendo ahora su relación la categoría de «amigos sin derecho a roce». Sin embargo, Pau siente una atracción fatal por Sonia. «Qué hermosa era, la madre que la parió. Era su modelo de belleza femenina desde que aquellos ojos y aquella sonrisa se inclinaban sobre él, le deseaban buenas noches y le daban un beso después de leerle un cuento.» Sin embargo, para gusto colores, las relaciones laborales de Sonia con Pau no son del agrado de la madre de este, Cristina. En una ocasión, cuando Sonia salía de pasar una noche en el calabozo, liberada sin fianza por un juez, Cristina le mete una soberana bronca por tarambana y golfa y a su hijo Pau por estar conviviendo con ella.  

Abrieron el fuego en este novedoso propósito Lorenzo Silva y Noemí Trujillo con una trama relacionada con el acoso laboral. «Nada sucio», que así se llamaba la historia, nos regaló a una investigadora a la que costaba creerse del todo. Treintañera, recién separada y sin trabajo, Sonia Ruiz se embarcó en la carrera de detective con el afán de sobrevivir. Tampoco llegó a convencer su desinteresado ayudante, un Pau Soria joven que mantiene con la heroína una relación de amistad que por momentos parece ir más allá. En «Nada sucio» nos quedamos con la inexcusable y molesta impresión de que Soria acaba tomando más protagonismo que la propia detective.

Apoyado en este material, Andreu Martín consigue con «El lado oscuro» una novela sin fisuras, que engancha al lector desde la primera línea, y que lo obliga a seguir a Sonia Ruiz por los senderos de una historia en la que se conjugan personajes nada recomendables que campan a sus anchas en un mundo sin leyes. Su excesivo e incómodo realismo así como su adscripción sin reservas al género policíaco y la maldad que desprende alguno de sus personajes hacen de «El lado oscuro» un producto redondo. Hay en él humor e ironía, escenas de riesgo físico y de sexo explícito. Es ésta una novela que convence.

Andreu Martín se las arregla para hacer confluir con solvencia los dos relatos que dan pie a esta novela, historias que permanecen aisladas hasta el final y que recogen, por un lado, las investigaciones de Sonia Ruiz para demostrar la infidelidad del marido de una clienta que responde al nombre de Diana Martínez, personaje éste que en el momento del encuentro con la detective luce en el ojo izquierdo los restos de un hematoma de intenso color morado, síntoma de haber recibido malos tratos. Y, por otro, las de Pau Soria, quien se topa con un turbio asunto en el servicio secreto español. A Soria lo habían captado años atrás como experto informático para que colaborase en una alucinante misión internacional para el gobierno de Panamá. Un veterano del CNI, que tenía ganas de desplazarse a Centroamérica, le quitó el sitio. Ahora se encuentra a las órdenes de un experimentado agente, un tal Verdugo, un personaje nada cuerdo que se mantiene en guerra con el mundo. ¡Soy la alcantarilla del estado!, suele proclamar a destajo.

El problema es que Verdugo es un mal bicho, un mal enemigo. Su nombre define a la perfección su personalidad. Tras robar en casa del fiscal general del estado una miniatura del siglo XIV valorada en trescientos mil euros y verse descubierto, pasaporta al otro barrio a un joven compañero y se las ingenia para que la culpabilidad del robo recaiga sobre éste. Soria no tarda en comprender que el viaje que le proponen a Afganistán es una forma de quitarlo de en medio: «Se me están quitando de encima. Saben que he copiado la chorizada de Verdugo en el pendrive y me quieren callar la boca.»

Andreu Martín nació en Barcelona el 9 de Mayo de 1946. Estudió psicología en la Universidad de Barcelona y entre 1971 y 1979 trabajó como guionista de cómic para la desaparecida editorial Bruguera, al tiempo que colaboró en revistas como Destino, Cambio 16, Tiempo, El jueves, Gimlet, etc. En el 79 se embarcó en la aventura de escribir su primera novela, «Aprende y calla», iniciando así el largo camino de narraciones de género negro que lo han caracterizado, entre las que se encuentran «Prótesis» que ganó el premio «Círculo del crimen» en 1980, «El hombre de la navaja» que se hizo con el Hammett en el 89 y «Si es no es» con el «Deutsche Krimi Freis International» en el 92, entre otros.

Ojalá, esta iniciativa de Menoscuarto continúe con el mismo éxito porque fundamentos para ello tiene. Esperemos tener Sonia Ruiz para rato.
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viernes, 1 de septiembre de 2017

UN MES CON MONTALBANO. (Andrea Camilleri)

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UN MES CON MONTALBANO (Un mese con Montalbano)
Andrea Camilleri
TRADUCCIÓN: Elena de Grau Aznar
EDICIONES SALAMANDRA, S. A.
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«Un mes con Montalbano» es un recuento de treinta historias cortas que coadyuvan a conocer el universo de Camilleri y su personaje y que ponen a prueba la capacidad psicológica y deductiva del comisario así como su conocimiento y comprensión de las debilidades humanas. El nombre de Montalbano es un guiño a la figura del escritor Manuel Vázquez Momtalbán, y su primera característica es una radical diferencia social y cultural con Carvalho. Montalbano presume de una cultura sorprendente, especialmente dieciochesca, mientras que Carvalho posee una cínica afición a condenar a la hoguera los libros de su bien nutrida biblioteca. Ya en el 68 el futuro comisario Montalbano, que tenía por entonces 18 años, dio pruebas de sus inquietudes formativas e ideológicas: «se manifestó, ocupó, proclamó, arrasó, protestó y peleó.» Contra la policía, naturalmente.

Su parentesco, el parentesco de Montalbano, está muy cercano al Maigret de Simenon por su sagacidad deductiva y su conocimiento y comprensión de las debilidades humanas, siendo un escéptico en todos los órdenes, excepto quizás  en la búsqueda de la verdad por la que siente auténtica pasión. Es aquí, en los relatos de novela corta, en la descripción de toda esta galería de personajes típicos y en la voluntad de crear su propio microcosmos literario, donde Camilleri expone su deseo de sobrevolar la novela de intriga y detectives para asentarse en los terrenos de la ficción filosófica y moral.

Las referencias literarias en la creación de Camilleri son constantes, inverosímiles en cualquier comisario de la vida real, sin duda, pero perfectamente creíbles en un personaje fruto de la palabra. Las novelas de este escritor siciliano simbolizan un recorrido por los gustos culturales del propio narrador. No es, pues, una casualidad que Montalbano sea tan buen lector como el propio Camilleri. Sciascia, Pavese, Victorini y Borges, Dante, Kafka, Leopardi y Pirandello, Prust, Musil y Melville, Dürrenmatt, Poe y Cazotte, todos, sin excepción, tienen cabida en «Un mes con Montalbano».

En el mercado de masas en que nos movemos, la literatura corre el riesgo de generar éxitos multitudinarios allí donde menos se espera. Fue éste el caso de Andrea Camilleri quien, allá por 1998, con 73 años encima, emergió de la nada y se convirtió en realidad informativa. Camilleri publicaba por entonces sus novelas policíacas en una pequeña editorial, Selleiro (en referencia a su propietaria Elvina Sellerio), una editorial ésta con pocas expectativas de rivalizar con las grandes empresas del medio. La primera novela de la serie protagonizada por el Comisario Montalbano salió en 1994 bajo el título de «La forma del agua» (La forma dell´acqua), y ya en 1998, fecha de publicación de «Un mes con Montalbano», siete de sus novelas ocupaban los primeros lugares en las listas de los libros más vendidos en Italia. No es Camilleri un producto al uso de la mercadotecnia mediática, un engendro de la producción publicitaria, antes al contrario, es la más viva constatación de cómo la literatura más artesanal puede ser avalada por la mayoría. El propio Camilleri ya lo adelantó en su momento: «Soy un escritor lanzado por el tam tam del público, no he ganado premios de resonancia». Y es que, en un país que no se caracteriza precisamente por su amor a la lectura (según la Federación de Gremios de Editores de España el 39% de los españoles no leyó ni un libro en el 2015 y en una década se han cerrado el 25% de los puntos de venta de prensa), el poder del lector a la hora de elegir un libro es hoy más concluyente que el poder de la crítica, por más que pese a algunos críticos hermanados con ciertas posturas editorialistas más que dudosas.  

Por estas microhistorias de corte rural desfila todo un abanico de delitos. Premeditados, pasionales, financieros, mafiosos y políticos, cometidos por todo tipo de sujetos, jóvenes, adultos, hombres, mujeres, ignorantes y cultos. El pueblo de Vigàta es un espacio vital repleto de fisgones, de gente dura, terca y de pocas palabras, entre las que destaca con luz propia Calòrio, uno de esos vagabundos que pide limosna con discreción, sin molestar, sin asustar a mujeres y pequeños. Calòrio es un personaje al que, como al santo patrono de la ciudad, siempre se le conoció con un libro en la mano. Pirandello y Monzoni, Dostoievski y Maupassant fueron su eterna compañía. En Vigàta el orden social está dominado por dos familias mafiosas, los Cuffaro y los Sinagra, familias que al más puro estilo tradicional resuelven sus disputas a tiros. Cuando Montalbano recaló en Vigàta, unos buenos años atrás, el partido se había cobrado ya ocho muertos por bando.

Toda una galería de personajes ultraconservadores, anclados en una mentalidad semiurbana, anárquica, tan cándida como perversa, desfila por las páginas de «Un mes con Montalbano». Por amor entrega su vida Michela Prestia, cuyos devaneos con el contable Moscata trascienden los límites de lo imaginable. Por amor, un amor mal entendido, Mario Urso, otro contable cincuentón, mata a su esposa al sorprenderla en actitud inequívoca con su amante. Asimismo y por amor, a los cincuenta cumplidos, el doctor Landolina, un ginecólogo serio y apreciado en Vigàta, pierde la cabeza por la veinteañera Mariuccia Coglitore, viéndose obligado a salir por patas del pueblo.

«Un mese con Montalbano» llegó al castellano en 1998 de la  mano de Elena de Grau Aznar quien publicó su traducción, gracias a la editorial Salamandra, bajo el  título de «Un mes con Montalbano» en 1999. Dentro de su colección Narrativa, la misma editorial publicaría dos ediciones nuevas de la novela, una en 2002 y otra en 2012.

La aparición de «Un mes con Montalbano» provocó en la prensa española una ola de artículos. Vázquez Montalbán, con quien Camilleri compartió una provechosa amistad, se encargó de confeccionar el prólogo del libro, y el periodista Enric Juliana regaló a los lectores de La Vanguardia, bajo el título de «Montalbano contra Montalbán», una breve biografía del escritor. Montalbano ha pasado a formar parte del panorama siciliano. Camilleri apuesta por un idioma que refleja el habla de las gentes, un lenguaje repleto de circunloquios e hipérboles brutales, un reflejo de la idiosincrasia de los isleños, que «sólo con ironía pueden sobrevivir». 
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